miércoles, 1 de julio de 2020

Gazes to the soul- 1. Bento




Tenten

Se había hecho habitual estas últimas semanas su entrenamiento, aunque solía no pensar en eso para no hacerse ideas equivocadas; nuestras habilidades se complementaban ya que ayudaba a Neji a vencer aquel punto ciego que lamentablemente tenía y 'el l ayudaba afinar sus habilidades ante adversarios con una gran defensa.  Su maestro y compañero de equipo hace algunas semanas se habían ido a una misión, por lo cual se habían dedicado a entrenar en parejas.

Estaba entrando al campo donde solían entrenar cuando vio a Neji recostado en un árbol con un pergamino en la mano, este abrió los ojos cuando sintió la presencia femenina y la observó acercarse a él. Su penetrante mirar la avergonzó y observó el suelo como si fuese la cosa más fascinante de la aldea. Cuando estaba enfrente suyo se incorporó para poder hablar más cómodamente.

―La Hokage nos busca en su oficina. ―Le pasó el pergamino y se encaminó a la oficina dejándola atrás.

Cuando lo alcanzó le dirigió una mirada de reproche, de forma casual como ella solía hacer.

―Podrías haberme avisado y te encontraba ahí, Neji.

El simplemente se mantuvo en silencia, no era el tipo de personas que solía pelear ante la menor provocación. Al llegar con la Hokage les asignó una misión de recuperación de unos pergaminos importantes para un señor feudal, era una salida inmediata por lo cual se  separamos para una vez empacado las cosas necesarias se encontraran en la entrada de la aldea. Una vez hecha su mochila ligera por el viaje, contempló mi figura en el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación. 

Sacudió la cabeza ante el examen visual, su apariencia física debía importarle, jamás lo había hecho ¿Por qué ahora era diferente? Un enojo hacia sí misma creció mientras salía de su casa y se dirigió a las puertas de Konoha.


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Neji


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Abrió los ojos cuando sintió su presencia acercarse a la zona, su rostro frustrado lee hizo suponer que algo andaba mal, pero simplemente no hizo comentario alguno.

En silencio se encaminaron fuera de la aldea corriendo a una velocidad constante entre los arboles ya que el viaje  era un recorrido de más de un día.

Luego de unas horas la voz femenina terminó con el silencio que se había mantenido en el transcurso, algo que no era un inconveniente para el Hyūga.

―Neji, detengámonos para comer.― El le dirigió su atención  encontrando unos bentos que sostenía en sus manos mientras una sonrisa adornaba su rostro.

Asintió con la cabeza y saltaron bajo un árbol frondoso que filtraba pequeños rayos de sol. Ella comenzó a preparar los almuerzos mientras de manera rutinaria, él activó su byakugan para determinar si se encontraba algún enemigo en el área. Al terminar tomó asiento apoyándo la espalda en el árbol y Tenten le ofreció el bento.

―¿Crees que nuestros adversarios sean fuertes? ―habló curiosa Tenten, mirándolo fijamente. Simplemente sacaba algún tema de conversación, como solía hacer.

Se llevó el bento a la boca y disfrutó la explosión de sabores en su boca que se combinaban, encajando uno con el otro perfectamente.

―Es una misión de clase C, no deben ser excepcionales pero debemos mantenernos alerta.

Ella asintió y siguió hablando de una de las misiones donde fue sola, recientemente, relatando cada mínimo detalle, lo cual era normal en ella, aunque eso realmente no le molestaba al genio y la escuchaba, mirándola de vez en cuando.

―Esto...―Le dedicó una ligera mirada ya que hace unos minutos que estában en silencio y la kunoichi había estando suspirando anteriormente, con un rostro un tanto enfadado―. ¿Qué tal esta? ― Ella señaló el bento que estaba entre las manos del Hyūga.

Miró con atención la comida un momento y dio otra mordida al onigiri que estaba relleno de algo que no había descubierto, el contraste con el arroz y los complementos era fabuloso. Ella solía llevar alguna comida cuando solían salir de misión, aunque esta era la primera vez que le preguntaba si había sido de su agrado, algo que lo desconcertó levemente.

―No está mal.

Ante su comentario ella encontró su mirada con la del Hyūga   y curvó los labios formando una sonrisa mientras daba otro mordida encantada a su propia comida.

Una vez acabado de comer, avanzaron por el bosque hasta que el sol comenzó a ponerse. Decidieron descansar ahí, para continuar en la mañana ya que habíamos abarcado gran parte de la distancia entre las aldeas y querían llegar descansados a su misión.

El  Hyūga  encendió una fogata mientras Tenten iba por agua a un lago cercano que habían pasado antes; de alguna manera aunque no lo aceptara muy a menudo, le gustaba la compañía de la kunoichi más que la de cualquiera otro miembro de su equipo. Su maestro y compañero eran demasiado energéticos y sentimentales, por lo cual no había ningún momento en silencio. Tenten lograba entenderlo y se había adecuado bastante bien a la personalidad del genio.

El se sentó  cerca del fuego e hizo nuevamente una inspección rápida con su byakugan notando como Tenten se acercaba con las cantimploras. Su risa hizo que lo desactivara, mientras entró al campo de su visión y la observó acercarse con el cabello suelto y completamente empapada. La miró de forma inquisitiva, a lo que respondió con una sonrisa.

―Fue un accidente. ― Se sentó a su lado y relató su incidente sin ninguna vergüenza.

Al terminar se quedó en silencio y cuando retomó la plática su tono de voz era muy diferente al que hace unos minutos empleaba.

―Neji, ¿cuáles son tus planes en el futuro?

El mencionado la miró fijamente durante un breve momento, esa pregunta le había tomado por sorpresa. Su semblante era serio y fijó sus ojos en los de él, con la intensidad que la caracterizaba. Procesó su pregunta detenidamente.

―Hemos hablado de eso anteriormente.― Ella se lo había preguntado meses atrás, le había declarado su siguiente paso sería formar parte del escuadron ANBU, al igual que ella.

Ahora la pregunta tenía un trasfondo diferente, pudo apreciarlo por aquella mirada y el tono que había empleado. Aunque él pero no lograba entender a cuál se refería.

―Pero...no hablo de esos ámbitos, me refiero a...los otros.― Ella se estaba conteniendo, podía notarlo, mientras apretaba los labios ligeramente.

―Tenten...

Ella lo interrumpió y negó con la cabeza.

―Solamente olvídalo Neji.

El silenció inundó el ambiente, se podían escuchar lejanos cantos de los insectos y la luna se alzaba imponente en lo más alto del cielo estrellado. No entendía a qué se refería la fémina con esas preguntas ¿diferentes ámbitos? Ella se había estado comportando extraña, tal vez tenía problemas de los cuales no quería hablar.

En ese momento sintió un peso en su hombro y giró la cabeza encontrando a Tenten durmiendo apoyándose en su hombro. En ese silencio y mientras se hundía en sus propios pensamientos, ella simplemente se dejó vencer por el cansancio.

Su rostro era perfilado por su largo cabello castaño que ondulante jugaba con su rostro cuando el ligero aire pasaba entre los árboles, resaltando el tono níveo de su piel aunado a su suavidad; uno de los mechones de su cabello recorrió el rostro masculino y una palabra cruzó su cabeza, lavanda.

La noche se volvió más calurosa o...tal vez y solo tal vez era su cuerpo era el que estaba más acalorado.


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¡Hola queridos!

Aqui les dejo el siguiente capitulo de Gazes, donde empieza todo el romance en si, espero que les guste y no tengan miedo de comentar, todo es bienvenido.


Los quiero <3 

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martes, 30 de junio de 2020

Confesiones- I. Malos pensamientos






Sus orbes avellana buscaron los grises entre la rendija que habría entre ellos. La bendita rendija que maldecía con fuerza por interponerse. La intensidad flotando entre ambos. 

—Padre, he pecado. — Colocó su mano en el orificio que los conectaba y bajo la mirada afligida. No podía continuar. O eso quiso hacer creer.


El masculino sintió aquel aroma hechizante entre el espacio que había entre ellos. Colocó su mano encima de la de ella, dudando ligeramente si debía hacerlo. Apretó con ligereza, para brindarle confianza. Un gesto casual y que no solía hacer muy a menudo, con alguno de sus feligreses con los cuales tenía la confianza. Por lo cual su comportamiento fue extraño pero esta vez lo permitió. Ella lo necesitaba.


Grave error.


—Te escucho.


La castaña alzó la cabeza con vergüenza e hizo una expresión que él no pudo determinar. ¿Vergüenza, pena o suplicio? Se mordía los labios con ligereza y evitaba verlo fijamente, mirando a su alrededor, pensando, dudando o inventando.


—He pecado de pensamiento, he pensado cosas impuras con…cierta persona.— Lo miró entre sus largas pestañas con gran inocencia. —Cosas indebidas, dejando salir mis deseos carnales, mi necesidad.


El poseedor de aquellos orbes grises tragó ligeramente saliva al sentir el aire tenso entre ambos y aquella cosa, no sabia que, que ella desprendía. Cuestión por la cual solía mantener una distancia aceptable y más que necesaria de la fémina. 


De forma normal podía hablarle y tratarla con la rectitud adecuada. Pero ahí, en el confesionario algo cambiaba. Lo sentía en el aire.


El calor se intensificó cuando ella sujetó su mano con fuerza, sintiendo el choque por el toque de las pieles. Se acercó y susurró, mientras su aliento acariciaba su oreja, aquellas palabras prohibidas. 


♧♧♧ 



Tamborileó sus dedos en la madera que tenía presente y que se encontraba barnizada. Había esperado apenas unos minutos pero ya deseaba realmente que él entrara por esa puerta. Jugó con una figura de metal que había en el escritorio y que se balanceaba, moviendo la bola.


En el costado derecho estaba aquella la ropa eclesiástica que usaba en las misas. Realmente no le iba nada bien a su figura. Era bastante joven y usarla le sumaba varios años. Prefería verlo de la forma que vestía en la iglesia entre semana. Comenzó a pensar que tipo de ropa usaría fuera del recinto…¿algo cómodo o tendría clase? Ella se aseguraría de verlo alguna vez, como se había asegurado de estar diario en ese sitio.


Ella había jugado bien sus cartas en ese punto. Había dejado a Rita con unas amigas jugando al bingo, cosa que podría tardarse horas a la anciana y de lo cual había convencido con una voz demandante para deshacerse de ella durante un tiempo, todo eso le concedía unas horas que aprovecharía muchísimo. Aunado a esto se había valido de su  encanto para entrar al recinto sin tener que esconderse o meterse de forma súbita. El sacristán era bastante fácil de pasar.


Observó su alrededor con gran detenimiento, como cada vez que entraba ahí. El mueble de madera a un costado con diferentes figuras de cerámica tan representativas del sitio. El escritorio de roble pulido hermosamente.  La habitación tenía un olor maderoso y denso, similar al que se propaga en la iglesia. Las paredes eran más pálidas que su propio gusto, ella que adoraba los colores vivos. De hecho la habitación no tenía un gran tránsito de iluminación más que los bombillos en el techo. Aunque si la puerta estaba abierta podría permitir que todo tenga más luz además de unas plantas por ahí y por allá.


Linnette por su procedencia adoraba la naturaleza y la luz natural del sol. Esa oficina no le gustaba, es más, nada de ese sitio. Adoración a figuras de cerámicas y seguir reglas que te evitan hacer lo que más anhelas como salir con alguien. Era absurdo  y hasta insultante, considerando que ella siempre hacía lo que quería, cuando quisiera y con quien quisiera. Una sonrisa se formó en sus labios al hacer memoria de todas sus aventuras. Sin embargo ahora no podían significar nada. Ella ahora sabía a quién quería. Había esperado mucho para eso.


La puerta se abrió dejando ver al dueño de sus recientes pensamientos detenerse en la puerta al verla en la silla enfrente del escritorio con total confianza.  Ella se percató que frunció el ceño, mientras suspiraba y titubeaba si debía entrar o abstenerse de atenderla ahí. Terminó entrando, como cada vez que la había encontrado ahí. De seguro maldecía al sacristán por haberle dicho en primer lugar donde estaba su oficina. Dejó la puerta abierta, como siempre que la encontraba ahí. Tomó asiento en el otro lado del escritorio mientras movía las cosas, poniéndolas en su lugar. Era un maniático del orden y se percataba cuando la castaña había jugado con sus cosas.


—Buenos días. — Linnette habló animadamente, sonriendo y cruzando las piernas.


El hombre enfrente suyo levantó la mirada, luego de que acomodará algunos papeles en su escritorio. Sus ojos se clavaron en los castaños con severidad.


— Buen día, ¿qué necesitas? — Hablaba como si no la conociera, aunque sabía que era su intención.


Ella percibió una voz bastante fría salir de sus labios, tan singular en su persona. La fémina levantó la ceja aunque después desechó aquel gesto y acercó su mano a la de él, que estaba sobre la mesa. Fingiendo que jugaba con sus bolígrafos. Su presencia seguía abrumandola, sentía tanto nerviosismo que pensaba que estaba sudando y aquella mirada penetrante la hacía titubear e imaginar cosas indebidas.


Podía imaginarse subirse en el escritorio, tirando todo mientras gateaba hacia él  hasta atrapar sus labios entre los suyos. Esos labios prohibidos, los cuales lo hacían más deseable. Tenerlo encima de ella una vez que sucumbiera a sus encantos. Ella haciéndolo delirar mientras la ropa molesta caía al suelo y esa mirada masculina contemplándola mientras la hacía suya. Su espina dorsal se estremeció con fuerza cuando la excitación se abrió paso en su cuerpo. Se recordó respirar ya que su cuerpo moría de ganas de ser tocado por esas manos que sabía que iba a disfrutar. Necesitaba sentir esas manos en su piel, tomándola con fuerza. Maldita sea.


—He venido a confesarme. He hecho cosas que podrían considerarse incorrectas. — Bajo la cabeza y lo miro entre sus largas pestañas. Seducir.


Sus dedos estaban por rozar los dedos ajenos cuando él alejó su mano y la miró con frialdad. Ella observó el gesto anonadada. Él…se había opuesto a su enchanting. De nuevo. Él de verdad era bastante difícil. La primera vez que sucedió, un par de días atrás, ella no podía caer en ese hecho. Nadie, jamás, nunca se había resistido a ella. Y ahora, cuanto más buscaba tocarlo, intentaba convencerlo de que le faltara al respeto. El simplemente con aquella mirada dura, se alejaba.


Era tan difícil. Sonrió recorriendo sus labios con su lengua. Eso lo hacía aún más deseable.


—Para eso no es  necesario venir a mi oficina, como ya te he puntualizado anteriormente, Linnette. —  Amaba que el mencionara su nombre con aquella voz grave. —  Puedes esperar en el confesionario. Estaré contigo en unos minutos.


El tomó el teléfono que reposaba en el escritorio y marco un número dando por terminada la conversación. No la volvió a mirar. Esas últimas palabras eran por supuesto una despedida, ya que se suponía que no debía estar ahí. Ella lo sabía, que los que entraban ahí era para alguna cuestión eclesiástica, como bautizo, o alguna de esas ceremonias de purificación. Linnette caminó lentamente hacia el confesionario. Recordaba que el primer día no supo a que se refería. Hasta que el sacristán, un hombre castaño con ningun otro atractivo que su amplia sonrisa le dijo con total dulzura su ubicación. Era mucho más amable que el padre mismo y tenia un humor más fácil.


Linnette espero pacientemente en esa pequeña habitación de madera. No había hombre bajo esa tierra que se opusiera a su enchanting. A excepción de él.  Él rompió cualquier esquema y era la excepción de todo. No entendía como era eso posible, considerando que era un truco infalible que ellas usaban.


Su enchanting era una de sus habilidades especiales. Si es que su exuberante belleza y su abrumadora personalidad podrían considerarse habilidades. Ella era hermosa e irresistible. Era consistente de eso y eran las cualidades, junto con su enchanting que la hacían una fatha. Un ser mitológico, exclusivamente mujeres, que vienen al plano terrenal con un único objetivo: salvaguardar su existencia. Aunque tienen una vida longeva, necesitan procrear. Por lo cual buscan hombres humanos, aunque no cualquiera. Sino él, el indicado. Aquel capaz de agitar todo en ellas. Pueden vagar años en la tierra, luciendo como simples humanas. Experimentando con hombres, pero todo se acaba cuando encuentran al que las complementa. Y jamás lo dejan ir de nuevo. Conocía algunas fatha que habían tenido la suerte de encontrarlos con gran rapidez. Ella no corría con esa suerte, se había quedado atrás por mucho.


Linnette hace años que ha buscado, mezclándose en diferentes poblaciones, en diferentes épocas,  sin éxito. Al inicio no sabia con exactitud que es lo que estaba buscando. Se dejó llevar varias veces con diferentes hombres, pensando que este era el indicado. Aunque siempre terminaba descubriendo, que se había estado engañando. Lo sentía en su interior. Solía aferrarse a la satisfacción que le brindaban y la forma que la trataban. Se arrepentía del tiempo que había perdido con esos hombres. Sin embargo la diversión no ha faltado, que los hombres las rodean como moscas. Y si la oportunidad se da, una fatha no se negará.


Lo vio caminar hacia el confesionario, al sacerdote con aquella ropa diferente a cuando realiza la ceremonia. Pantalón negro y camisa negra, dándole un aspecto bastante enigmático y arrebatadoramente sensual. Tiene algo blanco en el cuello. A la castaña no podría darle más igual, le encanta absolutamente todo lo que está viendo. Sus orbes grises tan penetrantes y misteriosos. Su cabello sedoso que cubría parte de su frente. Su interior se agitó con violencia y apretó las piernas ligeramente. Había llevado un vestido floreado que se ajustaba a su cuerpo. Miraba como el hombre observaba con rapidez sus piernas hasta entrar en la habitación de madera, a un lado de ella. Una rejilla los separaba aunque en la parte de abajo había una ligera abertura. Linnette suponía que era para el contacto de manos.


La castaña tenía algunos días viniendo, sin éxito. Siempre el tan apacible, duro y tan seguro de si mismo que sus ligeras insinuaciones no había servido de nada. Un rápido pestañeo, juguetear con su cabello o sonreírle como solía hacer cuando quería que el corazón de un hombre se detuviera. No parecían surtir efecto en él.  Cada día que salía de ahí, sin éxito. Maldecía a aquel Dios que veneraba, a la virgen y a todos esos Santos que poco a poco estaban colmando su paciencia. Maldita religión que lo alejaba de ella y de lo que más anhelaba.


Y al ir a la iglesia, el domingo siguiente, por su disgusto con aquellos seres, había estado más en el celular que realmente prestando atención. Claro que de fondo escuchar su voz y verlo de vez en cuando, no podía evitarlo. Pero pudo percibir como el se percató de su falta de interés. Era muy observador, algo que notó cuando sus orbes  se fijaban en cosas que otros no veían.


Esta vez intentó con un vestido provocador, algo que esperaba que funcionase. Sonrió al tenerlo a un lado suyos intentando oler su fragancia. La suya, no la de su recinto que odiaba. El incienso se abrió paso con fuerza. Era un aroma…tan penetrante que destacaba entre cualquier otro, así que simplemente dejó de intentarlo.


Habló con bastante lentitud, confesando algunos de sus pecados aunque no contando en totalidad ya que podría ser clasificada como satán. Él la escuchaba con atención, sin interrumpir. Sin mirarla tanto. Aunque ella lo sabía.


Él estaba nervioso.


Tantos intentos fallidos y de tanto estudiar a su objetivo, podía determinar que su presencia lo alteraba. No sabía si era algo bueno o malo, pero a fin de cuentas, ocasionaba algo en el y podía trabajar con eso. El espacio entre ellos era tenso y ella buscaba sus ojos con gran esmero, fingiendo sentirse mal. Afligida. Derrumbaba. Él pensaba que estaba arrepentida.


Linnette dejo salir unas lágrimas que descendían por sus mejillas. Vio al masculino buscar entre sus bolsillos y extenderle un pañuelo. Ella acercó su mano y rozó la de el cuando tomó la tela. Una electricidad se desató en su cuerpo, dejándola fuera de si misma. Sintiendo la necesidad abrumante abrirse paso. Dejo salir un suspiro y lo busco con la mirada. Él no la estaba observando. Veía un punto inexistente, a la par que había alejado su mano. 


Él le dio su sentencia, bastante severa considerando el pecado que le había confesado. Solo eran pensamientos impuros. Con él. Aunque si el se enteraba de eso, terminaría diciéndole que se quedara horas repitiendo oraciones. Salió junto a ella, para después perderse en la parte trasera de la iglesia. No había más gente para confesarse. Ella había escuchado que mayormente iban el sábado a decir sus males, aunque no iba mucha gente. No con la frecuencia que lo hacía ella misma. Cada día, a la misma hora y de la misma forma.


Linnette se arrodilló en las bancas mirando enfrente. Debía rezar o eso le habían dicho, como un pago por tus pecados. Para que el señor viera tu arrepentimiento. Pero ella no se arrepentía de nada, por lo cual siempre veía a la nada, esperando un tiempo suficiente y ser creíble en todo ese teatro que hacía para poder acercarse a Noah.


Noah Rusbell.


Ese era su nombre.


Santo nombre, le iba bastante bien y más cuando lo repetía en su cabeza una y otra vez. Era bastante joven y hace un par de años había llegado a la parroquia.  El sacristán, Sebastian según le dijo que se llamaba aunque podría no podría interesarle menos, le informó por voluntad propia de eso. Sebastian la miraba con aquellos ojos que parecía que si le dijera que ladrara, lo haría sin pensar. Si tan solo podría lograr eso con Rusbell.


Jugueteó con el pañuelo en su mano, tenía bordado sus iniciales en el. Lo acercó a su nariz discretamente, atrapando por sus fosas nasales el aroma que se desprendía de él. Algo golpeó en su estómago y dejó salir un suspiro satisfecho. Era su aroma.


Se levantó acomodando su vestido de forma casual. No entendía que es lo que estaba haciendo mal. Frunció el ceño. Estaba usando todo lo que sabía y que había probado con anterioridad en otros hombres. Nada servía. ¿Acaso el jamás caería a sus encantos? Estaba saliendo del recinto cuando lo encontró en el patio de adelante regando los árboles que daban un poco de vida a la iglesia.


Se acercó hacia él con lentitud, sonriendo, mientras de llevaba su cabello tras la oreja.


—Hasta mañana, Noah. — Susurró con tanta confianza que el se detuvo y la observó.


Sabia que nadie le llamaba por su nombre más que el sacristán. Ella simplemente esperaba alguna reacción de su parte. Algún gesto, algo que le sirviera.


—Hasta mañana, Linnette. — La satisfacción se abrió paso al no recibir comentario negativo y escucharlo decir su nombre, algo que no solía hacer con frecuencia.


Solía decir hermanos  a la gente cuando era estrictamente necesario. Si el caso era diferente solamente era amable, sin excederse ya que todos ahí sabían que era bastante serio y educado. Un caballero. Cosa que hacía suspirar a varias mujeres del pueblo. A ella, claro que le encantaba. Que el fuera tan amable y un caballero a la antigua tal que podría brindarte un pañuelo cuando una dama lloraba. Pero igual quería ver su lado más oscuro, indebido. Ese lado que nadie más que ella conocería. O que Linnette le haría experimentar por primera vez. 


Por qué se decía que los padres eran vírgenes. Jamás habían experimentado algo tan vulgar como el sexo ya que su amor y devoción estaba enfocado en su señor. Ella quería arrebatarle eso y darle mucho más, algo más placentero que una castidad. Hacerlo temblar como él lo lograba con solo pronunciar su nombre.


Estaba por dar la vuelta e irse ya que las despedida había sido claro, cuando lo vio. Se estremeció toda la médula, hasta cada una de sus células  y abrió la boca con gran sorpresa. Tan ligero, tan mínimo y casi imperceptible, podría decirse que no existía, casi, pero ahí estaba, por leve momento.


Duda.


Linnette contuvo el aliento y sintió su cuerpo pesado. Eso, solamente eso necesitaba. Sin embargo al ver su reacción, la mirada de Noah se cerró impasible, sin acceso, tan fría y seria como siempre


—No traigas de nuevo ese tipo de ropa. —Su voz bien controlada pronunció aquellas palabras, aunque sus ojos eran otra historia. Evitaban bajar la mirada. Ella sabía que si lo hubiese hecho, hubiese revelado mucho en sus ojos. Se abstenga de sucumbir a las necesidades humanas de apareamiento. Que duro. Le gustaba aún más por eso. Su firmeza y como se oponía con fuerza a su enchanting. — No está permitido.


Linnette contuvo una sonrisa entre sus labios y simplemente dio media vuelta, agitando la falda del vestido. Sin poder contenerse en nada, dejó salir una pequeña risa luego de alejarse lo suficiente para no ser escuchada.


Podría ser que simplemente fuera verdad, que no estaba permitido pero el hecho de que simplemente lo dijera, daba por sentado que lo había incomodado. O lo había tentado. Algo que ella estaba rezando que hubiera pasado. Los hombres suelen sucumbir primero que nada a lo carnal del cuerpo, siendo llamados por eso, seducidos. Una vez que son atraídos, su atención está fija en ella, puede terminar enredándolos para que no puedan escapar más. 


Y de esta forma, ella podría comerse la fruta más dulce de forma lenta y placentera. 

♧♧♧

¡Hola queridos!

Con ustedes el siguiente capítulo,  espero que les guste y que acepten este gran proyecto que aunque podría ser un poco diferente y prohibido...eso es lo interesante. Me entusiasma mucho escribir sobre esto y espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

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domingo, 28 de junio de 2020

This is fine.



¡Hola a todos  queridos!

Abro este espacio para desahogarme un poco de la frustración de la situación. 

Soy estudiante de Universidad, mejor dicho de alguna forma ya he terminado mis materias, ahora solamente estoy en proceso de titulación, pero para eso necesito entregar una tesis. Estudié licenciatura en Biología, algo que me apasiona mucho, no tanto como escribir pero casi lo alcanza.

El punto es que hacer una tesis es la cosa más frustrante, desalentadora, cansada, estresante y difícil de la vida universitaria. De verdad si piensan hacer una, piénsenlo 5 veces antes de meterse al proceso. El problema no es la realización en si por que si le metes todo tu empeño se termina, como cada cosa. Aquí la cuestión son tus asesores.

Los benditos asesores.

Son el maldito problema. Realmente al inicio solamente iba a tener una asesora, una especialista en las especies que estoy trabajando. Ella aceptó ser mi asesora sin problema y cuando fui a hablar con ella para ver el tema que quería tratar, dijo que no. Y no se donde estén ustedes, pero en mi universidad si te dicen que no es que debes cambiar tu enfoque, la especie o el tema a tratar. Así que cuando dije fragmentación de hábitat, me dijo que eso era mucho dinero, esfuerzo y necesitaba mucha gente. Así que me dijo que pensara algo más y que en una semana la fuera a ver y que ella igual pensaría en algún tema. 

Me dio largas un mes, alguna vez que fui o no estaba o me decía que no tenía tiempo. Yo no sabía que hacer en ese momento y así pasaron 3 meses aproximadamente.

Abro paréntesis para explicar que en mi Universidad ademas de ser maestros son investigadores y por eso hay profesores que están muy MUY ocupados. Aveces viajan a congresos o en especial mi asesora era parte de un congreso y además de sus investigadores y clases debía realizar congresos en diferentes ciudades, ver los expositores y de más. 

En fin. Yo tenía otras materias por que aún seguía cursando y decidí contarle a un profesor sobre esta situación. El me comentó que podría hacer mi tesis con él y mezclar el tema que el hace con plaguicidas y su afectación a diferentes organismos y tomar los ejemplares de mi otra asesora para no abandonarla. Y de esta forma surgió mi nuevo enfoque. Mi asesora estuvo de acuerdo. Así que solamente debía ir a hablar a un lugar de cultivos para pedir el permiso de muestrear ahí. 

Así pasaron 6 meses aproximadamente donde mi asesor nuevo me dio largas. Realmente en toda la espera perdí casi un año.

Yo estaba desesperada en ese punto, por que quería empezar mi tesis antes, para acabarla antes. Pero justo cuando iba a ir a estos cultivos mi otra asesora dio que NO. Que ahí no iba a ir a muestrear, que pensara en otro sitio. Así que elegí un poblado cercano a mi Universidad.

Y fui, pedí el debido permiso, ya lista para muestrear.

Es importante explicar algunas cosas. Muestrear, como su nombre lo dice es literalmente ir a un sitio, tu sitio de estudio  y recolectar las muestras necesarias para tu trabajo. En botánica es ir y recolectar hojas. También puede ser tan fácil como recolectar agua, excremento, insectos, y bueno, yo debería recolectar murciélagos. Pero no el ejemplar en si, sino muestras sanguíneas, debía sacarles sangre.

Comenzaron los muestreos de forma caótica, cabe mencionar por que no conseguía gente que me ayudara ya que lo necesitaba, tuve que buscar un vehículo para hacerlo, gente, acomodar mis horarios con mi trabajo. Recuerdo que una noche antes de mi muestreo me puse a llorar jaja, por que no conseguía a nadie. Y más alguien que conduciera por que yo no tengo ni idea de eso. Tal vez de todo el proceso para capturar a los ejemplares tenía conocimiento por que hice mi servicio social en ese área y con mi asesora, pero jamás sola y siempre iba pero no conducía. Tooooooooooodo terrible. Pero salieron, con ayuda de unos amigos que nada tenía conocimiento de murciélagos (uno estaba especializándose en mosquitos y el otro en plantas) y mi pareja, que el no estudiaba en la universidad siquiera.  Solamente nosotros cuatro sin saber mucho del tema, realmente disfrute mucho la etapa.

Después procesé las muestras en laboratorio. Los análisis estadísticos me ayudo un profesor, que es amigo de mi asesor. Ahí todo bien.

Igual una tesis depende muchísimo de ti mismo, de tus ganas y el tiempo que le dediques y como no tienes una fecha concreta como en la escuela que te marcan una tarea y para el viernes la debes entregar, todo dependía de ti mismo, controlar absolutamente todo. Por lo cual, aveces te olvidas de la tesis.

Es normal, igual depende de tus asesores. Ellos pueden presionarte o simplemente ni se acuerdan.

En fin, ya tenía algo el marco teórico y metodología. Aunque tenía los resultados aún no los había redactado. Pero mandé avances. . Mi asesor me comentó que corrigiera algunas cosas. Y cuando fui a ver a mi asesora simplemente lo abrió cuando estaba ahí, vio las cosas y me dijo que cuando hubiera terminado la tesis y mi asesor titular me diera el visto bueno, se lo mandara. Así de fácil. Eso fue hace más de un año.

No hablé con ella más, hasta hace unos días.

Mi otro asesor, cuando le envié los resultados meses después, en octubre del año pasado, me dijo que estaba ocupado. No supe de él hasta enero de este año. Me mandó correcciones y demore en mandar correciones pero lo ultimo que el me mandó fue el 23 de marzo. De ahí tuve bastantes problemas por todo esto de la cuarentena, psicológicos, económicos. Todos los tuvimos.

A inicios de este mes le mandé a mi asesor ya la tesis casi terminada, me mandó correcciones menores y me dijo que se lo envié a mi otra asesora. Yo daba por fin terminada mi tesis, luego de más de dos años trabajando en ella, ya estaba hartaaaaaaa pero solo necesitaba el visto bueno de mi otra asesora y perfecto.

¿He dicho que yo jamáaaaaaaaaaaaaaaas tengo las cosas fáciles?

Le envié el documento este lunes que pasó y el miércoles me respondió diciéndome que mi trabajo era deficiente, que necesitaba mucho trabajo, que debía corregir muchas cosas y que ella no tenía tiempo para checarla en estos momentos (yo le mencioné en el correo que la necesitaba pronto) ya  que tenia cosas de mayor prioridad que hacer. Yo colapsé.

¿Saben lo feo es que te digan que algo en lo cual trabajaste dos años, es terrible? Me deprimí bastante con eso, lloré terrible, y más por las palabras que ella utilizó por que ella es bastante...cruel.

Antes de eso yo había enviado un mensaje a mi escuela para saber que iba a proceder con mi titulación. Por que una vez que terminas tu ultima materia te dan 2 años para graduarte, haciendo examen o tesis. Y este mes se venció mi fecha. Debido a la contingencia en mi universidad a inicios de mes publicaron fechas para someter la tesis para los que se habían quedado en ese proceso que eran varios de mi generación y obviamente de otras licenciaturas. Así que el jueves era la ultima fecha para meter la tesis a primera revisión. Y eso me respondieron el jueves en la mañana de la universidad.Yo no sabía que cariños hacer, ya que un día antes mi asesora me dijo que mi tesis estaba bastante mal y yo necesitaba una carta firmada por mis asesores donde aceptaban mi tesis. Así que yo estaba que no sabía que hacer. 

Hable con mi asesora explicándole la cuestión y me dijo que la sometiera como estaba, ya que no tenía tiempo y que podría corregirla después. Mi asesor ya me había dado el visto bueno desde antes. 

Así que la mandé a mi sínodo (el jurado, formado por 5 profesores, que calificarán mi tesis, revisarán y aprobarán mi tesis) la tesis. Y hoy entre a mi correo para ver mis novedades y mi asesora me había mandado PARTE de mis correcciones, y me dio que le diera al sínodo que le enviaría un documento nuevo para revisar.

¿Saben lo complicado que es mandar un mensaje a un sínodo para decir que siempre no mis asesores me dieron el visto bueno y que debo corregir mi tesis aún? El presidente del sínodo, al que le mandé él mensaje me respondió de forma eficiente diciendo que no entendía nada y que como era posible eso, considerando que mis asesores FIRMARON una carta diciendo que habían revisado, corregido y aceptado mi tesis para someterla. Estaba super nerviosa, yo estaba dando la cara de todo eso. Me dijo el presidente (que realmente era el profesor que me ayudó con los resultados) que iba a hablar con el comité para ver si me daban oportunidad.

Ahora estoy esperando una maldita respuesta. Pero aún así corregiré lo que mi asesora me ha indicado. ¿Lo gracioso? 

Una amiga me dijo que uno de sus asesores le dijo que desde el resumen del trabajo estaba fatal su tesis. Recuerdo que ese día ella me mandó audio donde se sentía super mal, por que si el resumen era asqueroso (palabras de su asesor) imaginen el resto de su trabajo y de las cosas que le diría.

Mi asesora desde el título de la tesis me dijo que estaba mal, es decir TODOOOOOOOO para ella esta mal. Debo corregir toda mi maldita tesis para el viernes, si es que me aceptan mandar el documento.Es decir. Ella me dijo que todo esto es mi culpa por que me perdí bastante tiempo, acepto parte de mi culpa pero no toda es mi culpa. Ella literalmente le enganchó todo el trabajo de ayuda a mi otro asesor y ella solamente quería dar el visto bueno. Además que realmente ella es una desgraciada.

A una amiga, una que igual hizo su tesis con ella, le tardó en mandar correcciones 6 MESES. Dime como cariños puedes tardar tanto tiempo en mandar una revisiones. Es más, estoy segura que si yo hubiera terminado mi tesis antes, me hubiera hecho lo mismo y hasta me hubiera culpado aún.

Pero en ellos es justificado que se tarden por sus empleos, por supuesto.

Y ahora, estoy valiendo todo lo que se puede valer, cambiando un trabajo que me demoró dos años en hacer y soportar que todos digan que por que me demoré tanto, que es mi culpa, que me apure, presionando. Y es feo realmente sentir que todo lo que hiciste esta mal. 

¿Como es el proceso de revisión de tesis? Básicamente mandas tu tesis a primera revisión. El sínodo la revisa y te hace comentarios, cosas que corregir o cambiar, o que debes explicar mejor. Si estos comentarios son pocos solo te dicen que los cambies y te aceptan la tesis. Si son bastantes te mandan a 2 revisión. En total son 3 revisiones. Pero por la contingencia solamente están otorgando dos revisiones en mi universidad y todo esto es en linea claro. Una vez que te aceptan la tesis te vas a examen profesional que es exponer y defenderla ya que al final te hacen preguntas.


Realmente estoy cansada y harta de todo esto, pero debo seguir. Y justo ahora de verdad me digo: ¿PORQUE NO PRESENTASTE EXAMEN? por que de ser así estaría acostada ahora, comiendo o viendo alguna serie. No corrigiendo una vez más este maldito trabajo.

Y repito, si vas a hacer una tesis, PIENSALO. Obviamente depende de cada universidad, pero cada una tiene sus peros y si quieres evitarte la fatiga, mejor ve por lo facil y lo que te traerá paz.

Por eso no he pasado tanto como quisiera al blog, de verdad que más quisiera que subir mis cosas pendientes, mis escritos y no preocuparme más que en leer o escribir. De verdad ya estoy desesperada por acabar y entrar de lleno en el blog.

Un poco más y podré deshacerme de todo este estres que me consume día con día. Mi descripción gráfica:




Si llegaste hasta aquí muchas gracias por leer todo este drama, que necesitaba sacarlo. Intentaré subir mis escritos esta semana.

¡Los quiero!

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lunes, 22 de junio de 2020

Confesiones - Prólogo







Su cabello se balanceó en cada paso que daba al recinto y sus orbes curiosos miraban su alrededor en busca de algo digno de su atención. Colores sosos, pasteles y palabras sencillas. Sintió la mirada masculina de más de uno, eso realmente no era nada nuevo para ella. Con la cabeza en alto se posicionó en medio de la sala, con la aquello burbujeando.

Su pie se movía con suma ansiedad provocando un sonido estridente, sonreía ante las palabras de la mujer anciana que estaba a su lado, que hablaba con total calma y con un una voz apenas audible. Tal pareciera que todo se desplazaba en cámara lenta en ese punto. Dejó salir un suspiro prolongado, de había adelantado demasiado. 

Una tercera campanada retumbó en todo el edificio y la gente que permanecía afuera comenzó a ocupar su lugar en las bancas de madera. La mujer a su lado le dedico una sonrisa leve, la cual fue correspondida. 

Los presentes se levantaron con gran animo con la atención hacia el frente. Ella simplemente observó con gran interés sus manos y escucho los pasos en el suelo ante el silencio sepulcral de la sala. Levantó la mirada escuchando los ligeros latidos en sus orejas cuando los pasos se detuvieron. 

Observó como él abría la boca. 

— Oremos.

La castaña sintió como el aire escapaba de sus pulmones y sus piernas temblaron ligeramente ante la impresión de escuchar por primera vez su voz. 

Grave, oscura y profunda. Pero brindaba tranquilidad a quien la escuchara. 

Sus latidos resonaron en su cabeza cuando él siguió hablando y la gente prosiguió a tomar asiento. Repetían sus palabras en ocasiones. La música cortaba su diálogo y las notas desafinadas de la gente resonaba en el lugar. 

Frunció el ceño. Ella no conocía aquellas palabras con ritmo. 

En toda aquella ceremonia se dedicó observarlo con gran detenimiento. Cada movimiento, expresión y respiración evidente. No era para nada expresivo, un gesto neutro adornaba su rostro con las facciones perfectas en equilibrio con la forma de su rostro. Sin embargo el sonreír no era algo que le iría a un rostro como aquel. Sus labios abriéndose para leer o mencionar unas líneas que para ella no tenían ningún sentido en absoluto. Sus gestos corporales tan pulcros, elegantes y con ese aire de grandeza. Su complexión, aunque resultaba difícil verlo por su atuendo, ella podría hacerse una idea. 

Sonrió levemente mientras se relamía los labios. Era él. Los latidos en su pecho intensos y sus manos con ese extraño cosquilleo de lo confirmaron con gran convicción.

La gente hizo una fila y la fémina observó como comían algo y regresaban a su lugar para arrodillarse. La anciana le explicó que eso era la comunión, algo que tampoco tenía sentido para ella, que de igual manera no podría importarle menos, no vino aquí por cultura o aspectos de fe.

Y finalmente todo el espectáculo acabó, lo comprendió cuando la mujer mayor a su lado se levantó de su asiento. Ella se mordió los labios. ¿Eso era todo? Para ella no era suficiente. La idea de sentarse a escuchar ese tipo de cosas no le agradaba para nada, aunque si ignoraba en si el.significado de ellas y se concentraba solo en aquella voz profunda, era un deleite.

El lento caminar de la mujer les permitió ver como la gente salía del lugar, siendo ellas las últimas. Cuando alcanzaron el pasillo central para retirarse, él pasó a su lado. 

Y sintió su aroma. Tan masculino e intenso. Bajo el aroma a humo que casi absorbía propio olor. Un suspiro se le escapó y se llevó la mano a los labios. 

— Chica.

La voz de la mujer la atrajo a la realidad y la tomó entre sus manos para ayudarla a caminar hacia la puerta principal. La mujer siendo de apoyo para la anciana, fijaba su mirada a la figura masculina que estaba enfrente. Le sudaron las manos por el entusiasmo.

— Seria una buena idea hablar con él.—Mencionó con un tono dulce y con tanto efecto como le fue posible pronunciar.

La anciana se detuvo ante el hombre que estaba en la entrada del lugar despidiendo a las personas y le sonrió. 

—Señora Rita.— Su voz profunda resonó tan baja, en comparación a la que minutos antes empleaba. Una sonrisa ligera y casi imperceptible se plasmó en su rostro de marfil.

— Oh querido, gracias por la celebración de hoy.—Ella mencionó con gran efusividad y tomó la mano del hombre y la estrechó. 

La mujer observó la escena con la desesperación de querer hacer más que estar de pie ahí, era más de acciones. Se exaltó cuando él centró su atención en ella. Todo se detuvo cuando se encontró con aquella mirada penetrante y curiosa. Su corazón latió tan fuerte que pensó que se saldría de su lugar. 

—¿Y usted es...?

Rita rió con aquella voz anciana representativa. 

—Ella es Linnette, Padre, ella es mi dama de compañía. Ella se encargó de traerme hoy aquí.— La mencionada sonrió con fingida vergüenza.

Ciertamente era la verdad. Ella se había encargado de convencer a la anciana de venir. Con una gran perseverancia y ayuda de su enchanting

Con gran fascinación sostuvo la mirada del masculino, quien luego de unos segundos le dedicó una ligera sonrisa, que Linnette en respuesta sintió como le arrancaban algo de su pecho. 

— Espero verlas de nuevo.

Rita se despidió y su dama la siguió con gran frustración. Quiso decir lo contrario, ordenar que no. Pero no podía hacerlo ahí.Miró de reojo como el hombre se adentraba de nuevo al lugar. Con muchas dudas en su cabeza siguió el lento caminar de su empleadora. 

Ella lo había visto pasar al otro lado de la calle hace unos días. Y lo sintió, como tanto había escuchado por boca de las otras. Algo conectándose en su interior, naciendo desde lo profundo, sujetándola con fuerza y llamándola. 

Cuando le preguntó a Rita sobre él, ella le confesó que el ofrecía la misa. Cosa que Linnette no comprendió pero persuadió a la anciana de ir, ya que en el mes que había estado ahí, no habían ido a ningún lado donde él podía encontrarse. 

Necesitaba verlo para comprobar lo que ya sospechaba. Y escuchar su voz. Por lo cual este día se aferró a ir sin ninguna excusa, poder saber si luego de tantos años pudo dar con aquello que tanto había buscado y hasta había pensado que no existía y eran simples rumores e ideales de ellas. Sin embargo, no dejó ni la más mínima duda. 

Sonrió para si misma mientras su interior se agitaba sin detenerse. Observó a la mujer a su lado, de baja estatura, facciones arrugadas y ligeramente encorvada. Aunque se notaba que había sido atractiva. 

—¿Él está casado? 

En respuesta una risa sonora y divertida escapo de los labios arrugados, reacción que duró unos segundos al entender que su dama no estaba bromeando. 

—¿Qué dices, Linnette ? Él padre está casado con su Dios y su religión, no tiene ni tendrá una esposa nunca. 

Rita se detuvo al notar como la chica detenía su caminar. Linnette entreabrió los labios conmocionada, como si le hubieran dado un golpe en el estómago. 

¿Su religión, de verdad? Esa maldita farsa, tantos años buscando eso y cuando lo encontró...debía ser una maldita broma. 

Ella podía conseguir a cualquier hombre que se proponía con solo pestañear, y ahora debía competir con unas creencias. La frustración le provocaron unas ganas de vomitar o apretar algo con fuerza. Sin darse cuenta había contenido el aire en sus pulmones. Lo dejó salir con lentitud y contando en su cabeza para calmar  la angustia en su interior. Analizó la situación que se abría ante esto y cual debería ser su siguiente movimiento para lograr obtener lo que quería.

Entonces, mientras proseguía su caminar con su empleadora, le hizo la pregunta más importante con algunos nervios cobrando vida en su interior. Linnette escuchó la respuesta con interés, ese malestar se apagó de inmediato ante el mundo de posibilidades que se abrieron en su cabeza con esas sencillas palabras pronunciadas.  No pudo suprimir una ligera sonrisa.

Solo debía confesar sus pecados ¿no? Sonrió divertida. De esos, tenía una infinidad.

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¡Hola, queridos lectores!

Aquí les traigo mi primera historia original aquí en el blog. Es una idea que me rondaba muchísimo y sin más deje que saliera a la luz . Espero sus comentarios y opiniones sobre esta, la cual le tengo mucha esperanza y si todo va bien subire cada capitulo los lunes. Espero que le den una oportunidad.

Los quiero ♡




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miércoles, 17 de junio de 2020

Gazes to the soul


¡Hola queridos!

Aqui les traigo el primer long-fic que empecé en toda mi vida de escritora, jamás había hecho algo tan largo, que tuviera continuidad, y que planee durante mucho tiempo. Es sobre mi pareja favorita, Nejiten, y esta ubicado en el mundo ninja, asi que si tienen alguna duda con gusto la responderé. Es esta ubicado en Shippuden, antes de lo de Pain.
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Prologo

No lograba comprender este sentimiento embriagante que recorría todo mi ser al contemplarlo de pie en centro del campo mientras rechazaba mis ataques; lancé una docena de kunais hacia la persona que estaba enfrente de mí, sin esperar su reacción proseguí a moverme por todo el área lanzando múltiples armas desde diferentes ángulos. Él las esquivaba sin dudarlo y aplicaba algunas de sus técnicas para bloquearlas.
Observé su vaivén elegante y de forma simultánea una columna de energía siendo expulsada para posteriormente ser convertida en un círculo que ocultaba sus debilidades. Salté al aire mientras desplegaba un pergamino, al mismo tiempo una columna de humo se formó dando lugar a un sinfín de armas dirigidas hacia él y todo el campo de entrenamiento. Aterricé entre algunos árboles, a unos pocos metros del sitio intentando recuperar la compostura, miré hacia el sitio donde había dirigido mi ataque con la esperanza de haber dado en el blanco.
El frío metal acarició mi garganta y su exhalar hizo temblar cada partícula de mi cuerpo. Respiré profundamente e intenté mantener la calma, pasar desapercibida mi debilidad.
―Estas distraída, Tenten. ― Su voz tenue hizo temblar mis rodillas y aquel sentimiento que no terminaba de comprender se situó más persistente que nunca.
Una risa nerviosa se escapó entre mis labios.
―Lo siento, pensaba en algunas cosas. ― Su arma descendió de mi garganta liberándome y me giré para mirarlo―.Has estado bien, Neji.
Me observó durante un breve instante, intentando descifrar que pasaba conmigo, pero cuando esto incluía sentimientos de por medio, él era el menos indicado para ese tipo de asuntos. Cerró unos segundos los ojos, meditando sobre su desempeño.
―Mañana continuamos.
Lo miré frente a mí, aquellos ojos característicos de su clan que al mismo tiempo lograban ser exóticos y dominantes, su rostro era sereno a pesar de haber estado horas entrenando y tenía un mechón de su cabello que acariciaba su rostro.
El genio Hyūga era parte de mi equipo desde hace años, en el inicio su potencial y fuerza fueron más que evidente, por lo cual al poco tiempo pude admirar su destreza aunada a su talento nato sobre las habilidades de su clan.
Seguido de esto, en aquella misión fallida para recuperar a Sasuke, la Hokage mandó un escuadrón de recuperación y ayuda. El prodigio de los Hyūga estaba en el suelo victorioso de su encuentro pero su vida pendía de un delgado hilo; verlo ahí con el rostro reflejando dos sentimientos duales: dolor y tranquilidad, con múltiples heridas graves por todos lados y mientras lo trasladábamos lo antes posible al hospital, un solo pensamiento inundaba mi cabeza, sin darle descanso.
Neji era apuesto.
Aquella verdad que no había contemplado hasta aquel momento, donde su aspecto era pésimo y que se encontraba luchando por su vida en el quirófano. Un sentimiento creció en mi pecho pero no pude descifrarlo debido a que solo podía pensar en otra idea: él iba a morir. Aquella sensación me atormentó durante un largo tiempo junto al resto de mi equipo, porque las horas pasaban y no salía de cirugía. Gai-sensei junto con Lee lloraban ante su  posible muerte mientras que en mi interior sentí que algo se rompía.
Él logró salvarse y el mundo comenzó a moverse de nuevo, su tranquilo respirar había puesto en marcha las manecillas del reloj. Respiré profundamente y en el baño  para dejar salir lágrimas que había procurado guardar en mi interior y que eran el reflejo de mi dolor.
―Tenten, ¿te quedas o te vas? ― Habló por tercera vez el Hyuga, un tanto enojado ante la repetición de una simple pregunta; lo miré sorprendida, no sabía en qué momento se había ido mi mente del presente.
―Lo siento, me quedaré un momento, nos vemos mañana.
Neji me sostuvo la mirada unos segundos y con la misma se alejó del campo de entrenamiento.
Observé como se iba y un aire frustrante invadió mí alrededor. Me senté y oculté mi rostro entre mis rodillas mientras los pensamientos inundaban toda mi mente. Luego de que Neji casi muriera, no pude descifrar el sentimiento que me embriagó en ese instante, ni el que momentos antes había sentido ¿temor? ¿Ira? ¿Alivio? ¿Tristeza? Pero al apreciar su respiración en mí cuello y al ver cómo me observaba fijamente, al fin  comprendí que estaba sucediendo, mi corazón comenzó a latir desenfrenado en respuesta .
―Estoy enamorada de Neji Hyūga ―susurré para mí misma, pensando que al pronunciarlo sonaría patético, pero era la realidad absoluta.
Estaba enamorada de Neji, una persona que no correspondería mis sentimientos.  
Espero que disfrutaran la lectura, es solo el inicio, se vienen algunas cosas intensas. Los comentarios son bien recibidos <3
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